La Achillea millefolium, también conocida como Milenrama, Milrosas, Aquilea, Milefolio y Milhojas, es una planta vivaz que pertenece a la familia de las Compositae (compuestas) y puede llegar a alcanzar hasta el metro de altura. Cuenta con raíces fusiformes, pequeñas y de color blanco. Su tallo es erguido, velludo y surcado y se ramifica en la parte superior. Las hojas son alargadas, alternas y estrechas y se encuentran divididas en segmentos estrechos y finos. Sus flores son blancas y se disponen en corimbos, mientras que sus frutos también son blancos y están truncados en el ápice.

Achillea millefolium

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Historia de la Achillea Millefolium

Se dice que el nombre Achillea se encuentra asociado con Aquiles, el héroe de la guerra de Troya, quien fue iniciado por Quirón en el uso de las plantas en el arte de la medicina. Este aprendizaje le ha servido para poder curar a sus guerreros, dado que a la Milenrama se la considera una planta medicinal, que sirve para coagular la sangre, cicatrizar heridas, favorecer la digestión y estimular el apetito.

Achillea millefolium

Siglos más tarde se ha descubierto que la Milenrama tenía muchos más beneficios y que no solo servía para curar heridas, sino también para regularizar la menstruación, curar las hemorroides y bajar la fiebre, entre otras cosas.

Hábitat y modo de empleo

Achillea millefolium1

La Milrosas es común en toda Europa, Asia y el Cáucaso, hasta puede llegar a una altura de 2500 metros. También se encuentra en Nueva Zelanda, Australia y Norteamérica. Adora los suelos secos o arenosos y suele multiplicarse por siembre en primavera-verano.

El extracto fresco de la Milenrama se obtiene al macerar la plata en una solución hidroalcohólica. Se suelen recolectar solamente las partes aéreas de la Achillea al momento de la floración. La hierba de esta planta también puede ser utilizada en baños o infusión.

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Achillea millefolium2

Como se trata de una planta silvestre, seguramente podrás encontrarla en carreteras e incluso, entre rocas. Tolera cualquier tipo de clima, aunque ama los templados. Las heladas no son un gran problema, dado que puede llegar a soportar temperaturas hasta los -15° C. El abonado no es necesario por ser una planta rústica, pero de vez en cuando puedes echarle un abono natural, sobre todo a comienzos de la floración. Los riegos no deben ser abundantes, pues está acostumbrada a la sequía.

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