Existen realmente pocas plantas tan bonitas y graciosas como la Azucena común, con flores que parecen trompetas y crecen en varias tonalidades de amarillo, blanco, rosado, anaranjado o rojo. Tienen su origen en el hemisferio norte y muchas de ellas han sido cultivadas hace más de 3000 años. Todas poseen raíces bulbosas, algunas más resistentes que otras, aunque también hay aquellas que son frágiles.

Azucena común

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Cuidados de la Azucena común

En las regiones frías lo mejor es plantar los bulbos de la Azucena común en primavera, aunque si lo haces en otoño la ventaja es que cuenta con un período mucho más prolongado para desarrollar un sistema de raíces fuerte.

Trasplanta los bulbos en primavera, haciendo uso de un compost con buen drenaje, con un puñado de arena gruesa en cada maceta. Otra alternativa es utilizar un compost compuesto por partes iguales de tierra negra, turba, mantillo de hojas y arena gruesa.

Planta un bulbo en cada maceta de 25 cm de diámetro y pon una buena capa de material de drenaje en la base e inserta los que desarrollan raíces desde la base a unos 15 cm de profundidad, y los que lo hacen desde el tallo a unos 25 cm. Por una capa delgada de arena gruesa debajo de cada agujero de plantación y coloca la maceta en un lugar soleado protegido.

Riega abundantemente el compost, manteniéndolo húmedo durante todo el año. Cuando empiece a desarrollar los botones florales, incorpora fertilizante líquido cada dos semanas y sigue haciéndolo hasta que se hayan caído todas las flores.

Usa cañas de bambú para sujetar los tallos. Cuando el follaje empiece a caer, disminuye la cantidad de agua, manteniendo el compost ligeramente húmedo. Espera a que el follaje se haya secado completamente antes de cortar los tallos. Para lograr un mejor despliegue de flores, planta bulbo frescos cada año, plantando en el jardín los que hayas eliminado de la maceta en primavera. Si dejas los bulbos en la maceta, lo mejor será cubrirlos con una bolsa plástica para evitar que el compost se sature y los bulbos se pudran.

En otoño e invierno, después de la plantación, coloca la maceta en un lugar fresco para que las raíces se desarrollen más fuertes. Déjalas en el exterior en un sitio protegido donde no haya riesgo de que el compost se sature de humedad.

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