La Lavándula es un conocido grupo de arbustos resistentes y siempre verdes que incluye alguna de las plantas aromáticas más usadas. Son originarias de una vasta región que va desde las Azores hasta la India y África oriental, y son tan conocidas que con ellas se pueden constituir excelentes plantas de jardín y varias también son adecuadas para grandes macetones.

lavanda

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La lavanda o lavándula común es originaria de las regiones mediterráneas y puede llegar a alcanzar hasta 1,2 m de altura y similar expansión; durante el verano desarrolla flores pequeñas de color púrpura, sumamente fragantes, que crecen en ramilletes. La lavanda se cultiva por sus flores desde el siglo XVI y su cultivo merece la pena por su colorido y fragancia.

Cuidados de la lavándula en primavera y verano

lavandula

Pon la planta en una zona soleada y protegida del viento. Durante la época de crecimiento y de floración, mantén el compost de la lavándula húmedo, pero nunca saturado. Proporciónale un fertilizante líquido, aplicando la mitad de la cantidad adecuada en la etiqueta durante este periodo. Durante la primavera, renueva la capa superior de compost y a finales de la temporada invernal, poda la planta hasta que quede totalmente uniforme. Sin embargo, procura no cortar los tallos muy antiguos, dado que es probable que luego no desarrollen brotes nuevos.

Cuidados de la lavándula en otoño e invierno

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Trasplanta la lavándula principios de otoño, usando un compost, al que tendrás que añadirle un puñado de piedrecillas a cada una de las macetas. La lavanda prefiere un suelo no alcalino, y las piedras ayudarán a que la planta tenga un buen drenaje. Usa una maceta con la medida exacta para que quepan las raíces, cambiándola hasta alcanzar los 45 cm de diámetro. Riégala para reafirmar el compost y, posteriormente, mantenla húmeda durante todo el invierno.

Recuerda no regar la planta en exceso y procura que el compost de la lavándula no quede saturado. La falta de luz podría marchitar sus hojas. Por otro lado, escoge solamente las plantas compactas, saludables y sin señales de enfermedades o plagas y evita aquellas lavandas de apariencia débil y larguiruchas, dado que nunca se recuperarán e incluso se inclinarán sobre sus compañeras. Asimismo, evita una maceta repleta de raíces.

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