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En el libro “Outliers, Fueras de Serie”, el autor Malcom Gladwell, nos habla de la importancia que tiene la “preparación” como fórmula a aplicar para conseguir lo que uno desea. Entre los distintos ejemplos que nos encontramos en el libro, el autor, en el capítulo VIII habla sobre los arrozales chinos. El refrán con el que inicia el capítulo revela completamente la fórmula del éxito de los agricultores chinos y sus arrozales:

“Trescientos sesenta días al año, levántate antes del amanecer y la prosperidad de tu familia llegarás a ver”.

¡No!. No pretendo queridos “gardeners”, que os levantéis antes del amanecer, sino hacer un paralelismo entre el cultivo del arroz y el cultivo de vuestros jardines, haciendo hincapié, en que todo se basa en el “arte de construir”. El autor comienza hablando sobre “ser” de los arrozales.

Lo más sorprendente de un arrozal es su tamaño. Es diminuto. Un arrozal típico mide lo que una habitación de hotel.
Un arrozal hay que “construirlo”, no basta con labrarlo como se rotura un campo para hacer un trigal. No basta con arrancar los árboles, la maleza y las piedras y luego arar.

Los campos de arroz están tallados sobre las laderas de una colina, en una complicada serie de terrazas, o bien minuciosamente construidos sobre una marisma o llano de un río.

Un arrozal necesita irrigación, lo que implica construir una complicada serie de diques alrededor del campo. Deben cavarse canales desde la fuente de agua más cercana, e incorporarse compuertas a los diques para que el flujo de agua se regule con la precisión necesaria para regar la mata sin anegarla ni pudrirla.

Además el arrozal necesita un suelo de arcilla impermeable, de otro modo, la tierra se tragaría sin más el agua. Pero por supuesto, las matas de arroz no pueden plantarse directamente sobre la capa de dura arcilla. Encima de la arcilla debe haber una gruesa capa de fango. La terraza se diseña con cuidado, como una gigantesca maceta con el drenaje correcto para mantener las plantas sumergidas en el nivel óptimo. El arroz debe fertilizarse de manera constante, lo cual es otro arte.

En China, los agricultores no tenían dinero para invertir en equipos, ni tampoco abundaban las tierras que pudieran convertirse fácilmente en nuevos campos. De modo que los cultivadores de arroz mejoraban su producción a base de inteligencia.

La agricultura del arroz, fomenta el desarrollo de habilidades. Tres mil horas al año es una cantidad de tiempo asombrosa para pasarlas trabajando, en particular si muchas de ellas implican estar inclinado bajo un sol abrasador, plantando y desbrozando un arrozal.

Ante todo, el cultivo de arroz arroja una relación clara ante el esfuerzo realizado y la recompensa obtenida. Cuanto más duro se trabaje en un campo de arroz, más produce éste.

Como veis la semejanza entre un arrozal chino y vuestro jardín, posiblemente sea muy parecida.

Posiblemente, dispongamos de poco terreno, su calidad igual no es la óptima, ni tampoco dispongamos de los medios o equipos idóneos.

Pero de lo que sí disponemos, al igual que los arroceros Chinos, es de nuestro tiempo y sobre todo de nuestro esfuerzo. Aplicando ambos, la recompensa de ver nuestro jardín resplandeciente, está asegurada.

“Cuando el hombre trabaja a conciencia, no es perezosa la tierra”.

Para leer más sobre Outliers: http://fabadiabadenas.blogspot.com/2009/03/libros-709-fueras-de-serie-outliers.html

Buena Cortesía
www.fernandoabadia.com

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