Jardines frondosos con bajo consumo de agua

¿Se puede conseguir un jardín frondoso, lleno de verdor y dinamismo, con un bajo consumo de agua? La pregunta parece apuntar a lo imposible en un país de lluvias poco abundantes en general y prácticamente ausentes durante el tórrido verano en la mayor par

Mi intención es conseguir que mi jardín particular solo necesite ser regado siete u ocho veces al año. Y no estoy hablando de un jardín de cactus o xerófitas”, afirma el paisajista Miguel Urquijo. Ese jardín en ciernes no está en la cornisa Cantábrica bendecida por las lluvias y la humedad ambiental, sino en los alrededores de Madrid. Su experiencia avala este propósito: ya ha conseguido jardines de bajo consumo de agua en otros escenarios desafiantes por sus temperaturas extremas y sequedad, como Consuegra, en Toledo, o el propio Madrid. Poco riego y, sin embargo, plantaciones pictóricas, ricas en color y variedad estacional, al hilo de las corrientes más punteras del paisajismo actual (en Verde es Vida nº76, páginas 16-19, entrevistamos al paisajista holandés Piet Oudolf, gran impulsor de las plantaciones naturalistas).

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Las plantas han de ser adecuadas para la zona y tan resistentes a la sequía a como obligue el agua disponible, características que cumple la flora mediterránea.
“Cuando empecé como paisajista se hablaba del jardín inglés como un ideal inalcanzable en España. Nuestro duro clima parecía limitarnos a una pequeña gama de arbustos y vivaces y poco más. Este clima hacía impensable poder lograr algo similar”, comenta el paisajista Fernando Martos. Su jardín experimental en Estepa, Sevilla, es la demostración de que investigando con las plantas, probando variedades capaces de soportar el calor extremo y la sequedad ambiental, también se puede conseguir verdor y exuberancia. “Ese jardín enseña que con plantas autóctonas y de distintos climas mediterráneos es posible lograr algo a la altura de los jardines ingleses haciendo riegos profundos en verano una vez cada 7-10 días. Esto demuestra que podemos hacer lo que queramos”, sostiene.

El agua como punto de partida

Partir de la realidad de la escasez de agua es obligado en un país como España, condicionado en la mayor parte del territorio por un régimen de lluvias poco abundante y con una marcada estacionalidad. “Se pueden hacer jardines con menos o sin riego, pero serían más grises”, admite Martos. El verdor y el aspecto saludable de estos jardines requiere su cuota de agua: “Siempre algo se riega; el jardín seco no existe, salvo los xerojardines californianos, basados en el uso de crasas, aloes y plantas duras”, puntualiza Miguel Urquijo. “Por ello, antes de plantearme qué voy a plantar necesito saber de cuánta agua voy a poder disponer. Es de sentido común: un jardín ha de ser respetuoso con su entorno y debemos ser rigurosos con la selección de plantas”. Ahora bien, aunque la etiqueta de las plantas diga drought resistant eso no significa que puedan vivir desde el inicio con poca agua. “El primer año hay que regar mucho para que arraiguen”, dice Urquijo. Una vez establecidas, los riegos en verano pueden espaciarse siempre que sean profundos.

Expertos en plantas mediterráneas como el viverista Olivier Filippi, autor del libro El jardín sin riego, aseguran que una vez que han arraigado ya no necesitan ser regadas ni siquiera en verano. Bien es verdad que su experiencia se centra especialmente en la Provenza, un clima mediterráneo más benigno, atemperado por la cercanía del mar. “La humedad ambiental ayuda muchísimo. En el centro de España, aparte de que puede no llover durante muchos meses, el viento sumado al calor se convierte en una especie de secador que deshidrata mucho las plantas”, explica Martos. “Podrían soportar la falta de agua, pero el aspecto no sería el adecuado para un jardín. No se trata solo de que las plantas sobrevivan, sino que el jardín sea eso: un jardín, un oasis”.

POR QUÉ PLANTAR EN OTOÑO

Las plantas mediterráneas aprovechan el otoño y el invierno para desarrollarse, de modo que plantarlas en septiembre significa darles la posibilidad de arraigar con las lluvias de esa época del año y llegar al verano en mejores condiciones para afrontar la sequía. Un riego generoso en el momento de plantarlas contribuirá a que el cepellón tome buen contacto con el sustrato y desaparezcan las bolsas de aire. A continuación, los riegos deben efectuarse una vez al mes en los meses más fríos y cada dos o tres semanas en los cálidos. “Aunque no parezca que están creciendo durante el invierno, estarán desarrollando su sistema radicular”, explica el experto en plantas mediterráneas Olivier Filippi en su web. Si la plantación de realiza a finales del invierno o en primavera será necesario vigilar más estrechamente el riego durante los meses siguientes; “la frecuencia deberá aumentar aproximadamente a un riego profundo por semana durante el primer verano”, recomienda. Aconseja plantar al final del invierno las especies de rusticidad limitada para la zona, de forma que tengan tiempo de arraigar y endurecerse antes de los primeros fríos.

Fuentes [verdeesvida]

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