Siempre guardo un día de verano para visitar el pueblo de mis padres en la Comarca de Calatayud. Este pueblo se llama Olvés, es un pueblo curiosísimo, una de sus características principales y que más llaman la atención es que la carretera se acaba en el mismo pueblo, no continuando hacia ningún sitio, simplemente la carretera muere en el pueblo.
Esta circunstancia bastante singular ha forjado un carácter especial, una forma de ser retraída, muy amable pero a la vez distante. Un pueblo que te ama tanto que sus abrazos asfixian. Es interesante, digno de estudio.

En este último viaje llego a mis manos una poesía-canción o copla escrita hace 70 años por un pariente mío, ciego de nacimiento pero con unas dotes artísticas increíbles.
Cuenta la historia de una partida de cartas, jugaban a un juego tradicional “el Juego de la Banca” también llamado “Juego del Monte”. Es un juego de apuestas, visto un poco desde la distancia a mi me parece un forma de estafa antigua, se presentaban en el pueblo tres apostadores y preparaban la partida, en alguna casa del pueblo, en este caso en la casa del Zapatero, que supongo haría de bar, baile, etc, lo típico en los pueblos.

No se sabe como, pero llegaron al pueblo de noche dos Guardias Civiles de aquella época para denunciar y poner en aprietos por aquel entonces este tranquilo pueblo.
El desenlace fue un susto enorme y una multa, aquellos incautos pasaron un susto que ha producido risas y carcajadas durante años, esto estaba presto a perderse, sirva la web para mantener viva la memoria.

Faenas a “ojo” del famoso cabo un “morito”, un “besugo” y los “gatos”.

En la capital de Olvés
que es el pueblo de los gatos,
el día tres de febrero
ocurrió un curioso caso.

Eran las fiestas del pueblo
corrida había anunciada
y por fin se celebro
¿Quiénes eran los espadas?

Un señor que era de Moros
y un besugo de Almazán
querían hacer rica
a esta pobre vecindad.

Esto fue de madrugada
en casa del zapatero
notándose animación
para ver a los toreros

Muchos hacia tres años
que no salían de casa
y aquella noche salieron
para ver si algo pescaban

Como había “huesecillos”
a Benito le dio gusto
de arrimarse bien al toro
y a poco muere de susto.

Marchaba bien la corrida
pero D. José muy fino
la quería suspender
porque no le daban vino.

Oscura estaba la noche,
por eso nadie pensaba
que aquel toro mansurrón
les daría la cornada

El Cabo como es tan listo
y tiene tan buen olfato
aunque nadie dijo nada
pronto se entero del caso.

Y a las doce de la noche
hacia Olvés camina el Cabo
a retorcer a los “miaus”
las dos orejas y el rabo.

Cuando más silencio había
se presenta el “Caza-rata”
con las pelotas más duras
que las bolas de Morata.

Como iba tan deprisa
llego casi sin aliento.
choco con un tren correo
y hubo un descarrilamiento.

El choque fue regular,
y gracias a la farola
si no hace mil chichotas
los vagones de la cola.

Unos por las ventanillas
por el balcón y la entrada
al ver el estrapalucio
tomaron la retirada

Mandaron brazos en alto,
no hacia caso la gente,
¡Quietos¡, ‘que nadie se mueva’
gritó el Cabo de repente.

Todos quedan asustados,
pochos como la pared
estos humildes vecinos
del pueblecito de Olvés

Quedo Francisco Muñoz
en un banquillo sentado
con un cigarro en “los morros”
y los dos brazos en alto.

El señor Joaquín Millán
se iba a echar por el balcón
miró abajo, le dio miedo
y en los hierros se quedó.

Al ultimo que se fue
el guardia que acompañaba
con la culata el fusil
le golpeo las espaldas.

En medio de este silencio
se oye una detonación
una gran ventosidad,
al Cabo pide perdón.

Les pregunta a los banqueros
de donde son y quien eran
y le contestan serenos
al Cabo que no escribiera.

Ya se tranquiliza un poco
y toma declaración
a los “payos” que quedaron
en el pequeño salón.

Entonces se apaciguó
y perdió fuerza la hoguera,
pero nadie se enteró
de lo que pasaba fuera.

El “zapatero” ignorante
cayo al suelo desmayado
cuando abajo le dijeron
que allá arriba estaba el Cabo.

Entonces Prudencio sube
a la sal muy deprisa
y en la cocina le daban
los nervios a la Felisa.

Le dicen al “zapatero”:
tiene usted que estar aquí,
y contesta apabilado,
“se pone malo Fermín”.

Un sordo, no se quien era
también tomó retirada
y con un palmo de lengua
llego a la puerta de casa.

Un viejo de sesenta años
por el balcón se tiró
y al correr hacia su casa
con “Santitos” tropezó.

Sigue callado el camino,
y de miedo que llevaba
no se enredó abrir la puerta
por que la rompió a patadas

Y después de pasar esto
les dio a todos libertad,
iban con el culo prieto,
“Dios mío, que pasará”

Ya se marcharon los guardias
y también los tres banqueros,
y parece que ha quedado
muy tranquilo el “zapatero”.

Aquí termina la historia
de la mañana San Blas,
no paso nada señores,
podía haber sido más.

Ya llego un vagón de yeso
y contra sustos sin tientos
para curar las heridas
de este descarrilamiento.

Día nueve de febrero
les levantaron la cura
quedando todos más frescos
que en Enero una lechuga.

Con más de dos mil pesetas
que cuestan los ingredientes,
a cincuenta por cabeza
de treinta supervivientes.

Doscientas a los banqueros
y cien para el empresario
así a sentenciado el Juez
la multa en papel de Estado.

Esto sirve de lección,
debe alegrarse la gente
y darles la enhorabuena
a los guardianes diligentes.

olves (1)(1)

Iglesia de Olvés, estado actual en un estado lamentable.
A los vecinos de Olvés se les llama “gatos”.

olves (2)

San Roque, en Fiestas 2010

olves (3)

Paisaje típico del pueblo de Olvés, me imagino a los Guardias Civiles de la época llegando al pueblo andando con los mosquetones al hombro en busca de los jugadores de cartas.

Rudesindo Pérez
año 1940

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