La flora asiática es muy diversa. Asia es un continente extenso que posee zonas de estepas, montañas, grandes lagos, desiertos como los de Arabia y bosques de coníferas. Cada una cuenta con sus propios ecosistemas, con plantas que en muchísimas ocasiones son únicas en el mundo. Si quieres conocerlas, a continuación te dejaré dos plantas de origen asiático que deberías tener en tu jardín y balcón.

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Peonía (Paeonia lactiflora)

La peonía lactiflora forma parte de la familia de las ranunculáceas y es de origen asiático. Se trata de una planta herbácea perenne con rizoma tuberoso, que puede llegar a medir de 0,50 a un metro de altura. Cuenta con hojas inferiores alternadas, con folíolos oval-lanceolados, y hojas superiores poco recortadas o simples.

Por otro lado, sus flores son solitarias, grandes y perfumadas y pueden encontrarse dobles de color blanco, rojo o rosa, de 10 a 15 cm de diámetro.

Su época de floración es a fines de la primavera y su destino es el jardín y el macetero profundo. La adaptación de la peonía es muy buena, siempre y cuando, le proveas un suelo fértil, suelto, profundo y levemente ácido, y una posición luminosa con una luz solar directa durante la mañana.

Esta planta es resistente al frío y las causas parasitarias poco la afectan. Por otra parte, prefiere una atmósfera húmeda y un riego moderado cada cuatro o cinco días en el verano.

Abona con 100 a 200 g de harina de huesos a principios de la primavera y 10 gramos de fertilizante compuesto cuando aparezcan los pimpollos. Si deseas reproducir la peonía, hazlo mediante división de mata en el otoño o por esquejes de raíz a finales del Invierno. Florece a los tres o cuatro años desde la plantación.

Brinco (Impatiens balsamina)

La impatiens balsamina también conocida como brinco forma parte de la familia de las balsamináceas y es de origen asiático. Se trata de una planta herbácea anual, erguida, de tallo simple, poco ramificado, que puede alcanzar los 70 cm de altura.

Sus hojas son lanceoladas, aserradas, y pueden llegar a medir de 4 a 8 cm de largo. Sus flores simples o dobles pueden encontrarse en una amplia gama de colores: blanco, rosa, amarillo, rojo, etcétera, con un espolón curvo.

Su época de floración es en verano y su destino es el jardín y el balcón. Aunque se adapta muy bien y es fácil de cultivar necesitarás un suelo fértil, suelto y profundo, con resaca de río o mantillo. Por otro lado, debes proveerle una luminosidad intensa, a pleno sol y una atmósfera húmeda.

El brinco no es resistente al frío, por lo que las temperaturas inferiores a 4 °C lo afectan. Para que se mantenga en óptimas condiciones abona con 300 gramos de harina de huesos por metro cuadrado de cantero y planta distanciado a 10 – 15 cm.

Propaga mediante almácigo en primavera y no te preocupes por las causas parasitarias, dado que es resistente.

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