Los rábanos son una de las hortalizas que pueden llegar a crecer muy rápido, sobre todo en espacios reducidos. Su característico sabor picante puede acompañar a múltiples platos. Además, cuenta con un basto contenido de nutrientes y propiedades benéficas para la salud. Así que convendría cultivar rábanos en el hogar para tener todo el tiempo.

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Es una planta originaria de China, la cual se que se fue distribuyendo en todo el mundo. El ciclo del cultivo del rábano es de aproximadamente de entre 3 y 6 semanas, dependiendo la variedad. Existen blancos, rojos, amarillos, rosas, negros, púrpuras, bicolores, ovalados y redondos.

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Cultivo de los rábanos paso a paso

Los rábanos no requieren de transplante, por lo que en el lugar donde se siembre se desarrollará hasta su cosecha. Crecen muy bien en suelos o contenedores con una profundidad de 10 cm. Se recomienda un sustrato bien nutrido con un buen drenaje.

Para sembrar se pueden hacer unos pequeños surcos de 1.5 cm de profundidad y a una distancia de 12 cm entre ellos. Después colocar una semilla cada 5 cm y cubrir con el suelo o mezcla. Regar de inmediato y no dejar que el suelo pierda humedad.

La plántula emergerá al cabo de unos cuantos días. Las hojas tendrán forma de corazón. Así que cuando los rábanos hayan crecido un poco es necesario cubrirlos con tierra para que puedan desarrollarse mejor.

Abonar las plantas a los días de la siembra para proporcionar los nutrientes idóneos y, con ello, fomentar su crecimiento.

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El riego va a depender del clima. Si el riego se excede puede provocar enfermedades, pudrición o que la hortaliza se rompa. Por lo que si son escasos los riegos, el sabor será muy picoso.

Y aunque el cultivo es sumamente rápido se pueden presentar problemas de plagas y enfermedades, sobre todo de pulgones y larvas. Por lo que es preciso hacer una revisión a la semana, en especial el revés de las hojas.

Para saber si los rábanos están listos, se debe quitar un poco de tierra de alrededor de la planta y verificar el tamaño. Después de cerciorarse que están más que perfectos, lo que sigues es lavarlos para retirar el excedente con la ayuda de un cepillo o estropajo y frotar con cuidado.

Se puede almacenar en bolsas de plástico con orificios y directo a la nevera para consumirlos. Lo ideal es ingerir en las dos semanas después de la cosecha.

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